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lunes, 10 de agosto de 2015

De cómo Internet se está convirtiendo en un estercolero.

La calidad ya no es lo que importa en la Red... si es que importó alguna vez. Cuando la publicidad y el dinero está detrás de todo, debemos extremar las precauciones, no solo para no creernos todo lo que leemos, sino para ser conscientes de en qué medio nos movemos y qué podemos hacer para no caer engullidos por la jungla.

En los últimos días he recibido comentarios de varias personas allegadas quejándose de la poca fiabilidad de lo que leen en Internet. Mi pareja, que siempre ha sido un ávido consumidor de periódicos y cuando se conecta es básicamente para leer noticias, me decía, refiriéndose a un medio de los más serios: “¿Ves? Según bajas por la página te encuentras más y más noticias de prensa rosa... y al final ya solo son vídeos de mujeres con poca ropa. De hecho fue aquí donde me enteré de lo del culo de Kim Kardashian”. Yo ni siquiera sabía quién era Kim Kardashian. Por alguna razón estaba pensando en King África.

Por otra parte, una amiga, estudiante de medicina, se reía al leer un artículo titulado "12 celebridades con enfermedades graves", donde se afirmaba que el actor Tom Hanks padecía una enfermedad “mortal” llamada diabetes, e insinuaban que la cosa se estaba poniendo chunga porque había progresado de una diabetes tipo 1 a una diabetes tipo 2. Por si alguien no lo sabe, la diabetes no suele ser mortal a no ser que haya complicaciones, y es imposible que haya una progresión de tipo 1 a tipo 2, porque tienen un origen distinto. Mi amiga prefirió abstenerse de decir nada sobre la supuesta toxoplasmosis que afectó a Shakira durante su embarazo... ya que el parásito causante de esta enfermedad solo puede producir alteraciones en el feto, no en adultos inmunocompetentes.

Yo misma, días atrás, me daba cuenta de la proliferación de artículos que comienzan con “Las 10 razones por las que deberías perder peso”,  “12 técnicas para mejorar el sexo con tu pareja” o “6 ideas para decorar tu baño”. Luego haces click en el enlace, pierdes como tres minutos en leer el artículo, y comprendes que esos consejos, además de no valer nada y haberte hecho perder un tiempo muy valioso, están redactados con unas cuantas faltas de ortografía de las que hacen daño a la vista. Eso sí, adornando la página hay como una docena de anuncios. Sospecho que por muy rápido que cierres la página, alguno de esos anuncios se te queda grabado en el cerebro. Fijo. Y luego de manera inconsciente acabaremos comprando eso que anunciaban en un supermercado, como si fuera una idea propia.

Ayer mismo me vi un reportaje sobre virales en un conocido programa de televisión. Eso, unido a lo que sé ahora de SEO, me lo explicó todo. Google tiene gran parte de culpa. La publicidad también, porque los clicks dan dinero, y por eso lo que les interesa a los que crean esas páginas de interés es que la gente haga muchas veces click, cuantas más mejor. Por desgracia, eso no se consigue anunciando artículos interesantes sobre temáticas en teoría atractivas como la historia del Antiguo Egipto, sino creando títulos que creen expectativa, que prometan morbo, diversión, porno gratis o puro entretenimiento. Y, aunque esto ya es bastante triste, el verdadero drama se produce, por lo que a mí me toca, cuando nos afecta a los redactores profesionales...


Así es como me imagino Internet ahora mismo.

Porque, reflexionando, me dije: “Esto es el resultado de pagar 2 euros por artículo a alguien que no tiene ni idea de escribir. ¿Quién se va a molestar en documentarse, contrastar fuentes o usar un diccionario, por 2 míseros euros?” A los que pagan 2 euros por artículo no les importa la calidad, lo único que les importa es que atraiga a la gente para generar más movimiento y en definitiva, más pasta. Por cierto, he dicho 2 euros por artículo... puede que ni eso. Hace unos días me llegaba a mi correo un mensaje muy halagador de una empresa que me invitaba a formar parte de su equipo. Me ofrecían dedicarme a escribir artículos para ellos, y me pagarían “por click”. Cuanto más tráfico generase, más dinero ganaría. Una vez más, yo trabajo gratis, y ya veremos si cobro o no. Y yendo más lejos... ¿qué es lo que haría para generar tráfico? ¿Escribir sobre toxoplasmosis en plan serio, ya que soy veterinaria? Evidentemente no. Funcionaría mejor añadir elementos escatológicos, sensacionalistas, morbosos, o ya, si no tienes escrúpulos, todo a la vez, como un vídeo de un bicho saliendo de la nariz de Shakira agonizando después de haber sido atracada en plena calle. Así me aseguraría de que la gente hace click sobre mi “gran noticia”. Me pregunto cuánta gente aceptará una “propuesta laboral” como esta. Supongo que mucha, porque la necesidad aprieta en estos tiempos que corren. Y lo peor es que sospecho que esto no es para nada algo excepcional.

La consecuencia es que ese sueño tan bonito de contar con una biblioteca virtual de acceso gratuito para todos, desde cualquier lugar del universo, se está convirtiendo en una pesadilla. Da igual si eres una persona seria, como mi pareja, que trata de seleccionar lo que lee y solo visita páginas con cierta reputación, como la de un periódico de tirada nacional. La basura abunda por doquier. Te la quieren meter por los ojos. Y si nosotros, los adultos, ya somos vulnerables a creernos muchas cosas que no son verdad, y ya nos es complicado discernir entre realidad y ficción, no quiero ni pensar qué será de las mentes de nuestros hijos si dejamos que internet siga siendo una jungla, sin ningún tipo de regulación o control.

¿Qué hay de vosotros? ¿También habéis notado que cada vez es más difícil navegar por internet y continuar cuerdo?