¿Profesional? ¿Es esa la palabra adecuada? La verdad es que aún no lo sé, pero sí sé que huyo un poco de la palabra freelance porque como una compañera redactora comentaba en un blog que ya no recuerdo, corres el riesgo de que la gente piense que free significa que trabajas gratis. Quizá ser un escritor profesional significa trabajar con una editorial y vender libros, pero según mi experiencia eso no te da mucho dinero. Si no te da dinero, es que no es una profesión de verdad. No te engañes: un escritor no es solo alguien a quien le gusta escribir. Es alguien a quien le gusta escribir y además quiere ganarse la vida con ello. Otra cosa es que lo consiga. Y lo que sí puedo asegurar es que las plataformas de autopublicación no son la solución con la que todo escritor no profesional sueña.
En cuanto vi que la publicación de mis libros, sin padrino, sin enchufes, sin promoción y sin concurso literario, pero con mucha calidad y ni una sola falta ortográfica, no te da ni para un billete de metro, comprendí que tenía que buscarme la vida de otra manera. Y empecé a pensar: ¿estaba haciendo algo mal?
¿Qué tal escribo? Bastante bien. Diría incluso que rozo la perfección. Hasta mis profesores lo notaban cuando estaba en E.G.B. A los ocho o nueve años ya había escrito algún cuento y los encuadernaba yo misma. A los doce años me dedicaba a traducir los libritos de inglés que nos mandaban en la escuela (solo que yo se lo robaba a mi hermano mayor), y también los encuadernaba. Un poco más adelante me puse a aporrear la máquina de escribir de mi padre, que se parecía bastante a la de mi página de redactora. Y leí tanto que he acabado con unas cuantas dioptrías de miope. Acabaré ciega pero después de tanto practicar escribo bastante bien...
¿Tengo buenas ideas? Bueno, no es que sea un creativo de la Disney, más que nada porque dibujar no se me da tan bien como escribir, pero la verdad es que si me pongo y me llega la inspiración, tengo mis momentos de excelencia. A veces es tanta la excelencia que me siento tan incomprendida como un artista abstracto. Pero qué le voy a hacer. Lo llevo en la sangre.
Sin embargo, para dar el salto y dedicarte profesionalmente a escribir, he comprobado que necesitas algo más que escribir bien (algo que considero imprescindible) y tener buenas ideas. También necesitas tener una ligera idea de cómo llevar un negocio y saber lo que quieres. Pero hoy no me voy a detener a explicar esta parte de “ser un emprendedor” que tan de moda está tan últimamente —sobre todo porque el hambre aprieta y hay que comer de algo—, sino que me voy a referir solo al primer paso. O sea, a esa locura transitoria que te entra cuando te viene la idea de poner tu negocio, montarte tu página web, empezar a buscar alternativas a tu rutinaria vida profesional y ponerte a hacer lo que realmente quieres hacer, que en mi caso, y tal vez el tuyo también, es: escribir (y que te paguen... que te paguen bien).
Lo que más necesitas es: AUTOCONFIANZA.
Créeme, cuando estás ahí en medio del tinglado, sumergido en la ilusión y creyendo que te vas a comer el mundo porque eres el mejor, te empieza a invadir cierta sensación de intranquilidad. Unas nubes negras comienzan a materializarse sobre tu cabeza, y si no eres consciente de lo que está pasando, puedes llegar al autosabotaje. A la vuelta atrás. A: “He cambiado de idea”. O: “No, mejor me vuelvo a lo seguro, a mi trabajo de oficinista... al menos ahí escribo correos electrónicos a los compis del otro departamento”.
Error. Tu mundo se ha convertido en esto:
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Y puede que ya nunca vuelvas a salir de ahí. Perdiste la oportunidad de hacer lo que realmente quieres hacer, de ser tu propio jefe, de decidir tú tus horarios... Pero sobre todo: ya no puedes hacer el uso que te gustaría de tu originalidad, ni de tu fantasía. No puedes dar lo mejor de ti ni plantar tu firma en un proyecto que por experiencia sabes que va a salir bien. No puedes aceptar nuevos retos, ni soñar con que pronto ganarás más dinero escribiendo para otros que soportando una larga jornada laboral repleta de reuniones con tus jefes o clientes mientras en tu cabeza estás pensando en cómo acabar ese diálogo de tu última novela. No, no solo soñar: te confieso que tardé como una semana en ganar más de lo que gané en un año con mis dos novelas, invirtiendo más o menos el mismo esfuerzo en hacerme publicidad (o sea, casi nada).
Debes creer en ti mismo. Porque lo vales, como la del anuncio de L’oréal. Porque sabes las noches que te has quedado sin dormir para acabar la revisión de ese trabajo, para no dejar ni una sola errata en más de quinientas páginas. Porque sabes que escribes en inglés a diario y lo haces mucho mejor que algunos nativos. Porque sabes que escribir lo hace cualquiera, pero escribir bien no. Porque si pudieras le darías una colleja al que pone los subtítulos en el telediario para que no salieran erratas, o escribirías una carta al director solo para quejarte de lo mal que están redactados algunos artículos. Incluso te ofrecerías a un blog de cada dos porque sientes que si no haces algo el diccionario no va a sobrevivir de tanta patada. Aunque no lo haces porque tus consejos le saldrían gratis... ¡y estamos intentando ser PROFESIONALES!
No, eso último ni se te ocurra. Ya te ofrecerás, una vez que decidas lo que vas a cobrar, que eso tampoco es fácil. De momento, concéntrate y trata de transformar cada palabra negativa en una positiva, de modo que el panorama sea distinto, algo así:
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¿Que no puedes hacerlo? Sí, sí que puedes. Nadie nace sabiendo, y los principios siempre son duros, dan miedo. Parece que un precipicio se va a abrir a tus pies y vas a desaparecer para siempre en él. Pero eso no es así. Es solo tu propio miedo. No le dejes que te venza. Tú eres más fuerte. Y aunque por lo general vas a tener que luchar algo (vale, algo no... más bien mucho), también hay personas que te saldrán en el camino y te darán un empujoncito para animarte. Yo ya me encontrado con algunas de ellas. Y si lo necesitas, también yo seré una de esas personas.
Si quieres ser un escritor profesional y has llegado hasta aquí, dime: ¿qué te detiene? ¿Por qué dudas? Si necesitas mi ayuda y puedo dártela, cuenta conmigo. Creo que debemos apoyarnos mutuamente en este mundo tan peligroso como el de los redactores freelance.

